Libertad es siempre la libertad del que piensa distinto.


Rosa Luxemburgo

jueves, 2 de octubre de 2008

De como vivir sin Ratoncitos Perez y otros cuentos

Ayer respondí larguiiisimo a los comentarios y no le dí al botón publicar y se me perdió y vengo a darme cuenta ahora. Era más o menos sobre las tradiciones y esas cosas. Así que me valgo del privilegio de tener un grupito de lectores y sigo aquí…

Busque una imagen bonita del famoso ratón y la encontré aquí: el cuento de regalo, que es gracioso.

Leo en el blog de los dientes, (me lo presentó Meninheira) que el Ratoncito Pérez y el Hada de los dientes venían a compensar (¡“materialmente”!¿?) el trauma de perder un diente de leche.
Dejando de lado el tema de recompensas y sobre todo “económicas” me gusta pararme a pensar en lo que significa esto en el fondo. ¿Por qué la pérdida de un diente iba a suponer un trauma? Si lo fuera ¿Dónde estaban los padres del niño en un momento taaan traumático? ¿Por qué no le ofrecieron la información adecuada antes?
Lo mismo podríamos decir pues de una niña que se asusta con la primera regla. ¿dejarle un regalito bajo la almohada iba a compensar este susto de algún modo? ¿No es mejor prepararla para este momento desde muchísimo antes? Sin secretos, sin tabúes, simplemente.
E imaginemos incluso que estando preparada para ello y viendo la importancia en su vida de esa primera regla podría desear que llegara, podría tener ilusión y no miedo, verlo como parte de su feminidad, de la Vida. Hoy demasiadas mujeres consideran la regla como un problema, como unos días en out, de mal humor, de sentirse sucias (habla de ello Laura Gutman en uno de sus libros) y se lo transmiten a sus hijas, como también transmiten el miedo al parto, el miedo a ser devoradas por el bebé y tantos otros miedos…

Y volviendo a Ratoncito Pérez, claro… tal vez os resulte poco romántico o poco “mágico”, pero es que yo perdí mis dientes sin “objetos de consolación”. Caían uno a uno sin grandes ceremonias, nos decían: “¡Oh, ya está!, mira que chiquito es…” y como además éramos varios hermanos seguidos eso era como la lluvia. Siempre había algún diente que salía o caía o se perdía… y así durante años. No por eso somos menos soñadores ni menos poéticos, ni menos nada.

Ya llegará el momento de aburriros con mis recuerdos navideños de la infancia, pronto, prontito ;-) hoy solo unas palabras más…

Yo vengo de un país de la vieja cultura eslava, un país con muchas tradiciones bonitas y entrañables (años luz de los inventos comerciales tipo San Valentín y el día del Padre), allí celebrábamos las Navidades con San Nicolás (tanto los creyentes como los ateos), pero sobre todo con un montón de espíritus buenos y malos que se sentaban en la mesa, los animales hablaban con voz humana, florecían todos los arboles frutales del jardín... Había decenas de supersticiones que recordar para todos los días mágicos del año. Los solsticios y los equinoccios eran especiales por estar liados a la vida, la naturaleza, lo auténtico, lo ancestral. Y sobre todo porque eran fiestas paganas, robadas en su momento por conveniencia del imperio a sangre y fuego. Eso es lo que yo quiero transmitir a mi hijo, eso es ir al fondo de las cosas que nos llenan de magia auténtica. La Vida misma ya es tan mágica y preciosa que basta observarla para sentirse feliz, no hace falta inventar nada que la sustituya.

Ahora tenemos la libertad de conservar las tradiciones sin sentir miedos, sin que se aprovechen de nuestro “analfabetismo natural”, sin sentirnos presos de la ignorancia, pero eso es solo para los que lo deseen así, para los que lo elijan así. Ni pretendo ni deseo que todos hagan las cosas como yo, ¡faltaría más! La diversidad es maravillosa.

Lo de contarle o no "bulos" a Axel no fue premeditado, salió así. Yo le puedo decir “no lo sé”, pero no puedo decirle mentiras. Quien no pueda comprenderlo tal vez nunca se había topado con un niño que quiere llegar hasta el fondo de cada problema que se le presenta. Cuando fue a ver la cabalgata de los Reyes Magos con cuatro años, les vio soberbios, sobre sus camellos, con ejército de romanos y con camiones de regalos (cajas envueltas en papel de El Corte Ingles ¡sic!) oyó que eran de Oriente y me miró a los ojos y me preguntó: ¿Mamá de verdad vienen de Oriente? Y yo no me sentí con el derecho a mentirle. No sé hacerlo, no sé como se hace, para mi es como traicionar su confianza. Con la misma seriedad le respondí: “no amor, son de aquí y van disfrazados. Así los niños que creen que es verdad, tienen la ilusión de ver los verdaderos reyes magos”. Y el me abrazó y me dijo bajito: “gracias mamá, gracias por decirme la verdad”. Y en alguna ocasión cuando le explique mal un tema (confundí los eclipses con las fases lunares, creo, y el se dio cuenta solo) se entristeció, le caían las lagrimas de pena y rabia y me gritaba: “¡porque me has dicho eso!, ¡porque, mamá, me has engañado!. Ahora tengo que borrarlo en mi cerebro y reescribirlo de nuevo, ¡como empezar ahora?” Me costó mi tiempo calmarlo y explicar el error y vi de repente que no es cuestión de un capricho de un nene maleducado, sino una profunda y maravillosa necesidad de ser acompañado por alguien de confianza, que se trata realmente de aprender y enlazar las cosas y codificarlas en el cerebro para poder usarlas bien en el futuro. Me encanta la forma que tiene de aprender, me parece que es una suerte inmensa. Y no quiero jorobarlo.

Lo de creer o no creer es que no se puede “hacer creer” sino acaso “hacer como si creyera”, así que se convierte en un juego para adultos y una tomadura de pelo para los niños. Yo al menos lo viví así con San Nicolás (algo parecido a Papa Noel) y no lo disfruté hasta que tuve claro quien es realmente. Una vez fui a pasar las Navidades en casa, ya casada y aun recuerdo a mi hermana de 6 años perdida entre el miedo y la emoción, apretándome la mano y susurrando “tiene los calcetines de Andrzej (nuestro hermano ya adulto entonces) pero es que no puede ser él, porque salió a buscar a San Nicolás”.

Y una última cosa: cuando estudie la carrera de títeres en la Escuela Superior de Teatro nos daban clases de psicología del niño y entre otras cosas insistían que los niños pequeños, hasta unos 5-6 años no deberían ser expuestos a seres de fantasía de ningún tipo (¡incluidos los diablos!). En el teatro para niños pequeños procuramos no usar estos personajes. Yo creo que eso es más sano y se disfruta más del espectáculo, aunque los maestros suelen forzar este proceso, pues para ellos si no hay bruja no hay cuento. Me ha pasado encontrar butacas mojadas porque han traído a los de P3 a un espectáculo de Caperucita Roja con luces de terror y oscuridad de vez en cuando. Por mucho que uno avise siempre creen que ellos saben mejor. (Parece que viene con el diploma).

11 comentarios:

XaManZ¨ dijo...

Yo también creo en la magia... pero no en la magia que yo le impongo... Zoë está llena de magia, rodeada de magia, la escucho y la sigo...
Creo que tampoco sería capaz de engañarla contándole el cuento de papa Noël, pero siempre que vé a un 'cuac-cuac' en la habitación o saluda un señor corriendo por el pasillo le sigo su historia, le pregunto y vamos viviendo esa magia, le creo. Así vemos seres por los árboles, por el campo, por dónde ella mira y se le iluminan los ojos y dice 'ay... miraaaa... un??'

Airenita dijo...

Así es Manou, esa es la verdadera magia. Yo tenía un amiguito en Barcelona que iba paseando diariamente su perro invisible y le estaba hablando, lo dejaba atado cuando entraban en alguna tienda y lo acariciaba a la salida. Y curiosamente solo lo necesitaba cuando salía, en casa casi no jugaba con el. Me encanta recordarselo, pronto cumplirá 18 años.
Axel está lleno de historias así, del mundo mágico propio que convive con el nuestro y él nos invita a conocerlo muy a menudo, pero es como hacer teatro, las situaciones las vivimos en la escena pero no creemos que existan de verdad. Y nada de asustar, nada de dejar que se sienta manipulado. Eso sí que no.
Simpre un placer leerte.Besos.

Mar dijo...

yo también perdí mis dientes sin "obejetos de consolación". La mágia la tienen ellos, nuestros hijos. Mentir? Jamás.
Grácias por tus palabras. un beso

soulwoman dijo...

Airenita me encanta tu forma de pensar y siento un profundo respeto y admiración por la forma en que estás educando a Àxel. De nuevo te felicito y agradezco tus reflexiones. Para mí son verdadera magia y una auténtica inyección de aire fresco en este mundo tan perdido... a veces. Si nuestros hijos no pueden confiar en que nosotros les digamos la verdad... ¿en quién lo harán? Un abrazo.

MartaSada dijo...

Y además cuándo una tiene dudas... llegan un par de ojos implacables de cuatro años, te acorralan contra el mundo, y te dicen que como es posible que papanoel que es tan gordo, quepa por una chimenea, y aun encima que no tenemos chimenea, y que se notaba que el de la caravana era un disfraz porque no era viejo... ya se van todas las dudas, jejeje...

amigos homeschoolers dijo...

Para mí todas las opciones estan bien y son igual de respetables. A mí, cuando mi hijo me preguntó la primera vez con 6 años "Harry Potter existe de verdad,¿noooo?" yo le dije ¿A tí qué te parece? y él dijo que sí, que era obvio... Así que durante unos dos años fue obvio que era todo realidad, cuando con 8 me dijo ¿Son solo unos libros verdad?, le dije, pués sí, son solo unos libros, y tan contentos, en cada momento vivió lo que necesitaba.
De pequeños mis hijos creen en los Reyes Mágos, y nos lo pasamos muy bien, no dan miedo, son seres benévolos y simpáticos que traen regalos para todos, y el día de Reyes, en Altea, en el ayuntamiento les llaman de uno en uno y le entregan un regalo en mano, y el negro es africano de verdad, no como en mi época... y nos encanta recoger los regalos de los reyes en mano, es muy chulo y mis hijos se sienten felices.
También alimentamos al Caga tió, y nos mola mucho esa tradición.
Cuando Yvain con 8 años descubrió la verdad y me preguntó directamente si los reyes existían y le expliqué la realidad no se sintió mal, todo lo contrario, se sintió super agradecido por todo el esfuerzo que habíamos hecho para que él viviera ese mundo de ilusión durante años, como habíamos ahorrado para comprarle algunos juguetes que él sabía que eran caros, etc, y decidió que nos ayudaría para que Tristany disfrutara de lo mismo mientras pudiera.
Contar la verdad desde el principio o mantener una ilusión o fantasía durante un tiempo no te convierte ni en mejor ni en peor padre, son dos opciones distintas, ambas respetables.
Mi hijo Tristany cree que la escuela de Hogwarts es de verdad, nadie le ha dicho si es de verdad o de mentira, pero él lo cree, lo quiere creer, y que lo disfrute mientras le dure, tú...
El artículo de Airenita insinua que su opción es la correcta, y es solo una más, igual de buena que la otra, ya que cada familia es diferente.

amigos homeschoolers dijo...

Oye,
que he vuelto a mirar el artículo y Airenita deja claro que le parece bien cualquier opción, ha sido al leer del tirón el artículo y los comentarios que me había dado a mí esa sensación equivocada, lo siento. Está puesto hasta en negrita...
Besos

Airenita dijo...

Pues eso:)

Ya sé que esta visión nuestra es muy minoritaria, por eso tal vez necesita más explicaciones que la otra. Siempre es así. Lo popular no necesita "defensores" ¿no?

Gracias por vuestras reflexiones. besos

Meninheira dijo...

Hola :)

Yo no quería ser la voz discordante (cobarde que es una) pero como se lanzó Azu... pues eso que firmo lo que ha dicho Azu y en mi caso aún añado un agravante y es que no les estoy mintiendo porque para mí también es real.
Tanto los reyes magos, como el ratoncito Pérez, como las hadas viven en Fantasía.

Marta, vaya por dios!! Todo el mundo sabe que o Pai Nadal es mágico y cuando entra por las chimeneas su cuerpo se moldea como si de un líquido se tratara. En nuestra casa entra por el balcón y los Reyes Magos por la puerta porque no vuelan (sic). ;)

amigos homeschoolers dijo...

Yo creo que al final tiene mucho que ver con nuestra experiencia personal, con nuestra infancia. Mi abuela me contó todo de muy pequeña, para ella eran tonterías y no se tenía que mentir a los niños... y me jodió, me jodió toda la infancia, porque los demás tenían ilusión, creían en algo mágico, y yo no podía, y como además, ya lo sabía, pues pasaban de todo y me daban los regalos antes, así que ni siquiera podía hacer ver que creía ni nada... era una mierda. Porque yo no pregunté, no quería saber, pero no se me dió la opción.

Ahora sí puedo vivir en un universo mágico, en el que me robaron, porque a veces no se trata de hacer creer, si no de dejar ser. De preguntarle al niño ¿tú qué crees? y si él cree que es tongo, pues se le cuenta la verdad, pero si te dice que sí, que cree que es verdad, le acompañas en ello, y lo disfrutas.

No me gustan los extremos en nada, y la verdad es tan sútil a veces...

La confianza de los hijos se basa en otras cosas, no en los Reyes Magos.

Airenita dijo...

Bueno, así podríamos estar hasta el fin de año, creo que todos tenemos argumentos para seguir el debate. Me gusta la formula que hemos encontrado de relacionarnos con nuestro hijo, y a ti te gusta la tuya, y eso es lo bueno. Yo desde que tengo recuerdos, desde siempre, quise entender el mundo como es y los adultos me lo han impedido por años. Solo me daban unas raciones fragmentadas y así es muy difícil completar el puzzle. Estaba segura que las actitudes ante algunos fenómenos son el resultado directo de las vivencias de la infancia. (¿Los seres benévolos? Pues aquí nada de eso. Aquí hay que "portarse bien" si no, te traen carbón. Todos los adultos de nuestro entorno están desde los principios de diciembre preguntando a Axel que si se ha portado bien este año, que si se merece la visita de los reyes...)
Y así nos hemos ido del tema del Ratoncito Perez, pero que mas da.
Se trata siempre del mismo tema de fondo: buscar respuesta a la pregunta ¿Que entendemos cada una por "una infancia feliz"? y actuar en consecuencia.